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26 noviembre 2025

Sobre el PP parroquial paranoico de Dalías y sus artimañas para intentar perpetuarse en la alcaldía (como el PP de Roquetas)

La reciente inhabilitación de Jerónimo Robles, exalcalde de Dalías, no puede analizarse únicamente desde el prisma jurídico. Más allá de los tecnicismos legales, lo que se percibe en la calle es la sensación de que se ha querido apartar de forma definitiva a un actor incómodo para el tablero político local. Siete años de inhabilitación, tras una condena que en términos de prisión es mínima, parecen diseñados para cortar de raíz cualquier posibilidad de regreso a la vida pública. Jerónimo Robles gobernó el municipio durante 12 años, entre 2003 y 2015, bajo distintas siglas (PP, PAL e Independientes por Dalías), y lo hizo siempre con el respaldo mayoritario de sus vecinos. Su trayectoria estuvo marcada por proyectos que buscaban el beneficio del pueblo, como la guardería cuya construcción, de repente, se le reprocha judicialmente, para derivar hacia una condena que allana el camino, como ya he adelantado, al actual alcalde, Francisco Lirola (PP), quien accedió al cargo en 2022 tras el desplome del PSOE local, ya con Jerónimo Robles retirado del servicio político.

En este contexto, resulta inevitable recordar la figura de Gabriel Amat, alcalde de Roquetas y referente del PP almeriense, cuya trayectoria ha estado marcada por múltiples causas judiciales, muchas de ellas archivadas o resueltas con absolución. Y qué decir del exalcalde de Berja también del PP, Antonio Torres, que estuvo investigado en varias causas por presunta prevaricación administrativa, relacionadas con contrataciones y planes urbanísticos, pero cuyas denuncias fueron archivadas posteriormente. La comparación es inevitable: mientras Amat y Torres han sorteado procesos sin consecuencias políticas graves, Robles recibe después de dos décadas una sanción extraña que lo aparta durante años. ¿No es legítimo sospechar que las redes de influencia y las amistades en la Audiencia Provincial juegan un papel en estas diferencias de trato?

Por eso, más que un caso aislado, lo ocurrido en Dalías debe leerse como parte de una estrategia más amplia. La sombra de Amat y el miedo paranoico de Lirola se entrelazan en una operación que busca garantizar la continuidad del PP en el municipio, es decir, sus sueldos.

Observando la trayectoria de cada uno, lo primero a destacar es que mientras Robles se retiraba en 2015 con el reconocimiento de haber transformado Dalías y devuelto al municipio su papel de referente en el Poniente almeriense, Lirola, sin embargo, ha basado su política en gestos vacíos y en el uso partidista de símbolos religiosos, como la imagen del Cristo de la Luz, convertida en arma electoral al más puro estilo medieval. Méritos por los que deduzco que él siente que se merece el salario máximo permitido a un alcalde de un municipio del tamaño de Dalías, pero que revela más interés personal que vocación de servicio viendo cómo tiene el pueblo de sucio y abandonado.

       El Cristo de la Luz vota PP

Lo más llamativo, como acabo de mencionar, es su obsesión por los monigotes y las gilipolleces beatas; a qué le lleva promocionar pellejos embalsamados como el Padre Rubio, un personaje que está hasta vinculado a episodios oscuros de la historia: muertes de meretrices embarazadas, o conspiraciones contra escritores como Benito Pérez Galdós, y cito de ejemplo como se ocultaba en el boicot de la representación de obra dramática ‘Electra’ en Madrid que escenificara el caso real del acercamiento del clero a una niña huérfana para quedarse la herencia que ésta acaba de percibir. Por no hablar de la involucración del jesuita cazurro en el complot ultramontano para impedir que al autor de Fortunata y Jacinta y de los Episodios Nacionales le concedieran el Nobel de la Literatura.

La Constitución española no tipifica como delito penal el proselitismo religioso desde instituciones públicas, pero sí puede ser ilegal desde el punto de vista administrativo que una institución pública use sus espacios para favorecer una confesión concreta sin respetar la pluralidad religiosa y cultural. 
Que el actual alcalde de Dalías se dedique a meter a gallete (a la fuerza) a este tipo de figuras siniestras en espacios laicos, como el patio de la Diputación, dice mucho de su manera de entender la política y de cuál es su modus operandi para avanzar.

La posibilidad de perder su sueldo desorbitado y el albedrío para tejemanejes evangelizadores, son motivos lícitos para sospechar los arranques de miedo neuróticos contra Robles, que fue querido y respetado, y ganó siempre que se presentó, mientras que él, en cambio, llegó al poder por desgaste ajeno y ahora se aferra al cargo con maniobras muy suyas.

La inhabilitación de Robles, a las mil y nonas (a las mil y una) no es percibida, por tanto, como justicia,  sino como un cálculo preelectoral del PP de Dalías, el blindaje que necesita el alcalde del clero para dormir tranquilo hasta 2027, sabiendo que sin Robles en la ecuación, el PSOE se ve obligado a presentar candidatos dóciles, como Teresa, vecina gentil y manipulable a quien Lirola presume de sobornar con una bandeja de merengues cada dos por tres.

En mi opinión, Dalías merece, no un ayuntamiento estancado en la beatitud, sino un proyecto inclusivo, en torno a la agricultura,  el pequeño comercio y la cultura. Y aquí es donde el PSOE de Almería tiene la oportunidad, aún hay tiempo, de conformar un equipo sólido que devuelva la dignidad política al municipio y reenvíe a las capillas a quienes utilizan el mando para interés personal (léase mi artículo sobre el Caso Mascarillas) o para promocionar a un zángano odioso que decidió dedicar su vida a hacerse pajas dentro de un confesionario escuchando los chismes de las viejas, cuando no a plagiar citas de filósofos célebres, asunto que demuestro y parodio en  ‘Las pajas del Padre Rubio’ novela que verá la luz en 2027.

© Dr. José A. Callejón