© Dr. José A. Callejón
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La reciente cancelación de los vuelos de Iberia a Venezuela, justificada por una supuesta alerta de seguridad aérea emitida por la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos, no es un hecho aislado. Forma parte de una estrategia de presión que busca aislar al gobierno de Nicolás Maduro y preparar el terreno para una intervención política y económica. Iberia, junto a otras aerolíneas europeas, ha suspendido sus rutas tras el despliegue militar estadounidense en el Caribe, un movimiento que evidencia la intención de Washington de convertir la región en un tablero de guerra bajo el pretexto de “proteger la seguridad aérea”.
Detrás de estas maniobras se encuentra la obsesión de Trump por el petróleo venezolano, recurso que sigue siendo estratégico para Estados Unidos. Reportajes recientes han revelado que la verdadera motivación de la política agresiva contra Caracas no es la democracia ni la lucha contra el narcotráfico, sino el acceso privilegiado a las mayores reservas de crudo del planeta. El despliegue de portaaviones y destructores en el Caribe, bajo la excusa de combatir carteles de droga, es en realidad un mensaje directo: el imperio quiere el petróleo y está dispuesto a disfrazar su codicia con discursos moralistas.
El cinismo del cheto se refleja también en otros escenarios. En Ucrania, su plan de paz negociado a espaldas de Kiev y de Europa obligó a Zelenski a elegir entre perder la dignidad o perder a su principal aliado. El ultimátum de Washington, que exigía concesiones territoriales a favor de Rusia, mostró a un Trump dispuesto a sacrificar la soberanía ucraniana para anotarse un triunfo diplomático barato. En Gaza, su alianza con Netanyahu ha sido aún más descarada: el plan de 20 puntos impulsado por la Casa Blanca, respaldado por el Consejo de Seguridad de la ONU, exige la desmilitarización total de la Franja y otorga a Israel un poder absoluto sobre el futuro palestino. Trump se presenta como mediador, pero en realidad se pone a merced de Netanyahu, legitimando una política que perpetúa la ocupación y la violencia.
En el caso de Venezuela, la amenaza de invasión bajo el argumento del narcotráfico es una repetición del guion imperialista ya visto en Irak. Como entonces, el discurso oficial oculta la verdadera intención: apropiarse de recursos naturales ajenos. Analistas advierten que una intervención sería el “Vietnam de Trump en el Caribe”, un error histórico que podría hundir a Estados Unidos en un conflicto prolongado. Mientras tanto, Venezuela fortalece sus relaciones con otros países, demostrando que no está aislada, sino que forma parte de un entramado internacional que desafía la hegemonía occidental.
La historia reciente nos recuerda que los imperialistas siempre buscan justificar sus saqueos con palabras grandilocuentes. Aznar lo hizo en Irak, y aún sigue sin rendir cuentas por su complicidad en una guerra que devastó a millones. Hoy, Trump repite la fórmula, pero Venezuela no es un país dispuesto a rendirse. Como decía Camilo José Cela: “Quien resiste gana.”
© Dr. José A. Callejón