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22 noviembre 2025

Antonio Campos: Del Grindr culture y el padrón fúnebre al estrellato en la novela anticlerical [Redifusión]

© Dr. José A. Callejón

D-Lejitos
https://delejitos.wordpress.com/2025/11/22/antonio-campos-del-grindr-culture-y-el-padron-funebre-al-estrellato-en-la-novela-anticlerical/

Medium
https://josecallejon.medium.com/antonio-campos-del-grindr-culture-y-el-padr%C3%B3n-f%C3%BAnebre-al-estrellato-en-la-novela-anticlerical-785024fa2041

En un mundo donde las apariencias mantienen firme el hilo del tejido social, la historia de Antonio Campos emerge como una perturbadora disertación sobre las sombras que acechan a un individuo atrapado en una red de represión y prejuicios.

El reciente levantamiento del sumario por parte de la jueza que investiga su caso ha revelado dos hipótesis: la posible relación con un joven marroquí de 23 años conocido en red social de encuentros, y el chantaje en torno a su puesto de funcionario de padrón en el Ayuntamiento de El Ejido. No voy a proponer por ahora más hipótesis que las que la Jueza ha estimado. Pero yo no las separaría, más bien las conectaría, atendiendo a la insistencia de los familiares de Campos de que se continúe con la investigación para destapar toda la trama. Y es que en esas redes de encuentros, hay mucho fraude, quiero decir con ello que detrás de muchos perfiles de chicas o chicos hay una mafia burda de chantajes.  


Si Campos picó y se negó a hacer cosas ilegales, y además descubrió a los malhechores, todo apunta a que lo quitaron de en medio. Es lo que pienso como ciudadano si no accedió, suponiendo móviles, a inscribir ficticiamente a personas ilegales en el padrón para que pudieran obtener ya no el permiso de residencia, sino acceso a solicitud de ayudas sociales. 

Ahora bien, como escritor, recojo la hipótesis del chantaje y la traslado al terreno de la ficción de forma invertida por tratarse de un poderoso recurso narrativo para denunciar cómo la represión sexual y religiosa puede deformar la personalidad hasta convertirla en un instrumento de abuso de personas vulnerables en su entorno. Dicha línea dramatúrgica, más allá de cualquier coincidencia con el caso de Campos, proporciona un terreno fértil para explorar el uso del poder de funcionarios para sus propios fines, que obliga a analizar un trasfondo con una resonancia más profunda tras el conflicto interno alimentado por una tradición religiosa que rechaza cualquier desviación de la norma.

Mi novela, Las pajas del Padre Rubio, prevista para 2027, es una tragicomedia anticlerical y antitaurina que se inscribe en una tradición de crítica demoledora contra los pilares más rancios de la cultura española:  el cura pedófilo que encarna la perversión del dogma;  el torero sanguinario putero como símbolo de una violencia sádica y psicópata ritualizada; y los funcionarios corruptos, entre ellos, los devenidos en depredadores que desde la burocracia ejercen una tiranía silenciosa y devastadora sobre los más vulnerables y que como los curas perturbados hallan a cambio de su amistad, compensación con sometimiento  amoral. Digamos que, Las pajas del Padre Rubio es una prueba de cómo la homofobia estructural y el yugo religioso pueden incubar monstruos cotidianos, personas que incapaces de ser libres, se convierten en verdugos de otros.


Imagen pública en Internet del pedófilo

El relato de Campos va a servirme, por tanto, como indagación para hilvanar una crítica demoledora contra los prejuicios que aún ejercen su dominio sobre las vidas de aquellos incapaces de vivir auténticamente por temor al rechazo, conflicto que les lleva a soportar las cadenas invisibles de la tradición católica que se resiste a cambiar.

Es deducible que Las pajas del Padre Rubio gira como ya indica el titulo en torno al popular beato daliense enamorado ciegamente del legendario torero virgitano Tiberio Torres. Pero también incorporo a funcionarios, uno de ellos, el que ha quedado marcado por un entorno de prejuicios homófobos y represión religiosa. Si bien en la novela, el personaje no es retratado como individuo concreto, sino como arquetipo: el funcionario del padrón, convertido en “burócrata depredador” que, tras décadas de ocultar su orientación sexual en un entorno cofrade y conservador, termina usando la información administrativa como arma de sometimiento a muchachos inmigrantes.

No se escandalicen por el tono tragicómico, es una elección que consigue entre otras cosas, que el lector oscile entre la indignación y la ironía, entre la denuncia y la sátira. Porque el humor, cuando se usa como bisturí, puede ser más corrosivo que la solemnidad.

En definitiva, Las pajas del Padre Rubio caricaturiza a personajes depravados para hacer una denuncia feroz de la represión homófoba y sus consecuencias. Y el personaje inspirado en Campos servirá para corroborar cómo los prejuicios religiosos y sociales pueden moldear vidas enteras hasta convertir a un hombre reprimido en un  depredador sexual. La literatura, en este caso, no se limita a transgredir, sino a fotografiar, a desenmascarar. Y cuando en 2027, la novela vea la luz, será un espejo incómodo.

Para el título de este post, en el presente, he querido servirme de la estructura ternaria, un recurso retórico y literario con una larga tradición que sigue resultando eficaz porque ofrece al lector una sensación de plenitud y equilibrio. Tres elementos se recuerdan mejor que dos o cuatro; generan cadencia como en un verso o en un eslogan, y transmiten la idea de un recorrido completo: inicio, desarrollo y desenlace. No es casual que la historia esté llena de tríadas memorables, desde el célebre “Veni, vidi, vici” de César hasta el lema revolucionario de “Libertad, igualdad, fraternidad”, pasando por la Trinidad cristiana o la estructura en tres cánticas de la Divina Comedia de Dante. 

En mi caso, la elección de tres bloques responde a la necesidad de narrar un trayecto vital y simbólico. El primero, Grindr culture, remite a lo contemporáneo, a la intimidad marcada por la represión y a la cultura gay digital que define una época. El segundo, el padrón fúnebre, introduce la ironía trágica de un funcionario que trabajaba en el registro de los vivos y acaba inscrito en el registro de los muertos. Y el tercero, el anuncio de la novela anticlerical que protagonizará, abre la dimensión crítica y literaria, la propuesta de futuro que surge de esa tragedia. 

De este modo, el título de este artículo no aspira a limitarse a informar, sino que construye un arco narrativo en tres estaciones enlazando lo íntimo, lo social y lo político, y conviertiendo la vida y la muerte de Antonio Campos en materia de reflexión literaria y denuncia.

A modo de primicia, comparto un momento (secuencia) de la novela que he identificado como»la escena del bolígrafo»:

[…]
El despacho estaba casi en penumbra, iluminado apenas por el fluorescente que zumbaba sobre los archivadores. El funcionario ordenaba los listados del padrón con la calma de quien sabe que cada nombre es un secreto guardado bajo llave. Su voz, grave y ceremoniosa garraspeó rompiendo el silencio solemne.

De pronto, el bolígrafo resbaló de su mano y cayó al suelo para quedar bajo su sillón. Y se inclinó aunque apenas sin molestarse en recogerlo. Por qué estaba fingiendo el esfuerzo…

—Por favor —dijo con tono suave, casi paternal—cógeme el boli. 

El adolescente senegalés obedeció sin protestar. Se inclinó despacio y se arrodilló bajo las piernas del viejo, en ese espacio estrecho y cargado de tensión, que lo observaba desde arriba con gesto imperturbable mientras el silencio se espesaba en la habitación.
[…]

Las pajas del Padre Rubio.
Publicación en 2027.
© Dr. José A. Callejón.